Con la sorprendente frase de este título me he despedido de todos los miembros de la Comunidad de LibreOffice con quienes he compartido una semana de actividades, charlas y festejos en el marco de la Conferencia Internacional de LibreOffice (LibOCon 2019, para los amigos).

Hace tiempo que el inglés es mi asignatura pendiente, y nunca como en esta semana lo había encontrado tanto a faltar. Gracias a la LibOCon, he estado inmerso en un ambiente compuesto por personas de tantos marcos geográficos y culturales que resultaría tedioso relacionarlos todos.

El encuentro tuvo lugar en la Universidad de Almería, donde en tres espacios diferentes tuvieron lugar decenas de charlas y talleres. Un estimulante entorno para aprender y conocer experiencias sobre la evolución e implantación del mejor software de ofimática libre.

Para quien esté interesado, en la página del programa de actividades estarán disponibles las presentaciones de cada acto. No pretendo resumirlo aquí.

Lo que pretendo reflejar en esta entrada es el impacto emotivo que ha representado el evento para mí. No ha sido un conjunto de jornadas técnicas más. En ellas lo que he sentido es la fuerza, el calor y el apoyo que da la pertenencia a una gran Comunidad.

Quiero volver a sentirlo. Por eso, haré los imposibles para participar en la próxima edición de la conferencia, que en 2020 tendrá lugar en Nuremberg, Alemania.

Y para entonces más vale que haya cumplido con el compromiso que encabeza este artículo. De lo contrario, andaré más perdido que un pulpo en un garage. 😀

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